Pensamientos de una casi ex-estudiante, futura enfermera en paro.


Ayer acabé las clases, hoy las prácticas, hace tres años cuando comencé la carrera estos días parecian muy lejanos, como que nunca iban a llegar y ahora como de sopetón, estamos en mayo solamente a falta de unos exámenes para poder llamarme a mi misma y con todas las letras enfermera.

Tres años que se dice pronto, la de cosas que se aprenden, y no solo a nivel profesional , que  también, sino a nivel personal,  de hecho es con lo que más me quedo de esta experiencia, porque esta muy bien saber coger una vía o poner una escayola, pero jamás olvidaré todas las anécdotas que surgen del día a día en el hospital y que cada vez que tienes oportunidad cuentas (mi familia y amigos están hasta las narices) y sobre todo recordaré a los pacientes, de todos en general y de algunos en particular, de como al principio cuando empiezas los tratas con más miedo del que te tienen ellos a ti, pero que poco a poco y gracias muchas veces a los ánimos que te dan vas superando la timidez y acabas por desenvolverte como pez en el agua, del cariño que les coges y te cogen que hasta te da pena cuando se van de alta, de todo ello me acordaré siempre, porque me ha hecho crecer como futura profesional y ante todo como persona.

Tampoco olvidaré a mis mentoras, todas esas enfermeras que han aportado su granito de arena para hacer de mí quien soy ahora, unas por sus consejos y sus enseñanzas, por mostrarme el camino a seguir, y otras por mostrarme el lado oscuro y hacerme ver lo que jamás de los jamases quiero llegar a ser. Pero si hay algo que he aprendido y siempre tendré en cuenta es lo que me dijo una de las mejores enfermeras que he conocido: “no sé si habrás aprendido mucho conmigo, pero con que cuando te vayas de aquí te acuerdes del poder de una sonrisa, de la diferencia que hay de tratar a un paciente con simpatía y amabilidad a no hacerlo, estaré más que satisfecha” y que razón tenía, es algo que aplico a diario y aplicaré cuando trabaje, una sonrisa por muy estúpido que parezca tiene un poder que a veces despreciamos pero que es muy valioso, y en esta profesión aun más .

Pero no todo hoy son recuerdos lacrimógenos del fin de una etapa, tambien es un día de mucha alegria y es que por fin se acabó el ser “la niña”, ” la alumna”,“la chica”, la que parece que esta ahí para tomar todas las tensiones de la planta, para hacer todos los recados y, sin mentir y hablando en plata, estar más puteada que nada sin cobrar un duro, que lo normal es que estés genial con tu enfermera pero siempre hay alguna que parece estar en guerra con el mundo y la toma contigo, y mira eso no, si no quieres a un aprendiz a tu lado lo dices que seguro que otro si quiere, tú te quedas peleándote con la pared y todos tan felices.

Cuantas cosas y tan poco espacio para contarlas todas, ahora ya solo queda rellenar cuatro folios con lo que me de la memoria de sí y de cabeza al mundo real. Diría que pronto nos veremos en el hospital o ambulatorio más cercano, pero según nos lo han puesto lo más probable es que si piso alguno dentro de poco será porque sea a mi a quien tengan que atender. Lo dicho, nos vemos en el Burguer King o picando piedra en el cerro.

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