And the Oscar goes to…


Puede que no lo parezca pero aunque sea una orgullosa lesbiana no todo el mundo sabe de esa parte de mi vida, quizá aquí en Internet aprovechando un poco ese “relativo” anonimato que proporciona la red tiendo a compartir todos aquellos pensamientos que en la vida real en más de una ocasión me guardaría bien para mis adentros.

Y no, para nada me avergüenzo de mi condición  faltaría más, pero si en el día a día llevo más de una vida es por el puñetero miedo, un miedo que me impide confiar, un miedo que esta detrás de la oreja repitiendo una cantinela de “y si” “y si dices que te gustan las chicas y deja de hablarte” ” y si te toma por una enferma degenerada” “y si te hace el vacío”  “y si” “y si”  condenado “y si”.

Por suerte no con todo el mundo es así, con mi grupo de amigas y algunos miembros de mi familia puedo ser libre como el viento y expresarme sin restricción alguna y debo reconocer que es la gloria, es una de las mejores cosas que habré hecho en toda mi vida, cuando salí del armario en esos momentos todo el mundo me apoyó y me siguieron queriendo como hasta ese momento y habría seguido compartiéndolo si no hubiera tenido una mala experiencia al contárselo a mi padre, ese hombre al que le confiaba todo, el que era mi apoyo dentro de mi casa hasta que no se tomó como cabria de esperar la buena nueva y eso me hundió, desde entonces me reservo mucho y no sabéis lo que cuesta.

Cuesta llevar varias vidas paralelas, una con los compañeros de Cruz Roja, otra con los de la universidad, otra con la familia siempre escondiendo esa faceta de tu vida que quieras que no es tan importante como cualquier otra, lo que te lleva a dos cosas: 1) a volverte totalmente idiota, muchos días acabo desesperada porque es horrible el andar siempre haciendo malabarismos cuando preguntan por amoríos y novietes que nunca llegan (ni llegarán) 2)te vuelves como dijo Sir Ian Mckellen (“We spent so long pretending to be straight, to be someone else, that eventually we became very good a t it”) en un actorazo de categoría, aprendes a mentir y a fingir con una naturalidad pasmosa, a veces me sorprendo a mi mima de la facilidad con la que manejo ciertas situaciones, inventando historias y lo odio.

Odio no tener narices para mostrarme tal cual soy porque una cosa es que no lo grite a los cuatro vientos, pero otra es que las personas cercanas o que quieran entrar en tu vida no te conozcan, así es imposible establecer relaciones duraderas porque estas se basan en la confianza y si mientes y escondes la confianza no tiene lugar.

¿Qué es culpa mía? evidentemente, esto solo tiene dos finales: o termino como una auténtica cencerrea  con una depresión de caballo o le hecho huevos y salgo del armario por todo lo grande, veremos que pasa.

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