Si “una persona sin esperanza, es una persona muerta” iré buscando nicho.


A veces necesitamos conversar con otros para darnos cuenta de cosas de uno mismo, porque por mucha introspección que te hagas a ti mismo mientras conversas con ese otro ser que habita en tu cabeza (conocido habitualmente como hablar solo), no es hasta que estás metido en una conversación de verdad con otra persona que debata y rebata tus argumentos, cuanto vislumbras tu verdadera posición o sentimientos con respecto a algo.

Ayer noche en la sobremesa de la cena me enzarcé en una discusión con mi primo que mi tía definió como de esas de “arreglar el mundo” , y es que aunque no sacamos nada en claro (obviamente) discutimos largo y tendido de todo un poco pero principalmente sobre la situación actual, del mundo en el que vivimos y de esta sociedad que parece que avanza como pollo sin cabeza hasta un trágico final. Pues bien, aunque ambos compartimos en esencia los mismos ideales e ideas me di cuenta que lo hacíamos desde dos perspectivas totalmente diferentes. Él mostraba esperanza, sueños e incluso ilusión por hacer algo desde su pequeño campo acción que pudiera suponer un cambio para el futuro por pequeño que este fuera, y esa es la palabra clave futuro, él tenia visión de futuro de un mañana por el que se puede luchar; él a todo esto lo llamó fe en si mismo, yo lo resumí como fe en la humanidad, pero cuando volvía a casa me di cuenta de que él al menos tenía fe en algo, seguía pensando en que un futuro es posible cosa que yo en algún punto perdí y no he vuelto a recuperar.

No sé cuando ni porqué dejé de ilusionarme con ese futuro del que siempre se habla, recuerdo que cuando era pequeña siempre soñaba con como sería mi vida con 20, 30 o 40 años, cómo seria la universidad, encontrar un trabajo o incluso formar una familia, hace ya mucho de eso y lo triste es que ahora no puedo pensar en más que en el día en el que vivo, soy incapaz de imaginar cómo será mi vida dentro de 5 o incluso 2 años, porque a diferencia de cuando era pequeña el mundo se ha complicado más (o he crecido lo suficiente para descubrirlo) y ya no se puede dar nada por hecho, cada mañana me levanto recelosa de leer las noticias por si toca ver como otro pedacito de ese futuro ha caído.

Ya no sé en qué soñar, en que poner mi esperanza ni en quién, ni siquiera sé si merece la pena, me he vuelto mucho más pesimista y catastrofista de lo que haya sido jamás y me da miedo, mucho, porque he dejado de luchar, cada día es una rutina más, sin cambios ni con vistas de haberlos, veo que gastar las energías es inútil ya que nada cambia si no es a peor, además ¿de verdad va a suponer algún cambio real el que una don nadie como yo haga una cosa u otra?

Mi primo me lo dejó claro ayer y es lo que me ha hecho reflexionar: “España va como va porque hay dos tipos de personas, las que se adaptan a los tiempos y no hacen nada y la gente como tú, que aun teniendo ideas, pudiendo e incluso queriendo llevarlas a cabo tiran la toalla y no hacen nada”

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