El perro de San Roque no tiene rabo…

Porque Ramón Ramirez se lo ha cortado.

Ayer fue San Roque, patrón de mi pueblo y del 90% de los pueblos de alrededor, que para que os situéis un poco más os daré la pista de que se sitúa en el Valle Amblés (con esto debería de ser suficiente, que sé que sabéis usar Google Maps y esas cosas) y aprovechando este evento que se viene repitiendo año, tras año, tras año desde que tengo uso de memoria (e incluso antes) y se celebrará hasta más allá de mi muerte, os acercaré mi visión particular e intransferible de las fiestas patronales de un pueblo, concretamente del mío, de como yo las vivo y he vivido. Los que tienen pueblo o son vecinos del mío (un saludo a todos) entenderán mucho de lo que voy a contar y podrán o no discrepar, pero sobre todo quiero proporcionar  una especie de acercamiento para esa gente que carece de pueblo (existen incluso algunos son mis amigos) que difícilmente y a menos que se echen un mozo/a de un pueblo, podrán experimentar de primera mano lo que significa vivir las fiestas patronales en todo su esplendor.

Para empezar ¿que son las fiestas patronales? según la RAE no es nada, porque estas dos palabras juntas no aparecen en el extenso diccionario a diferencia de “asín” o “cederrón” , sin embargo en la enciclopedia de la vida (también conocida como Wikipedia) las definen como:

Una fiesta patronal es un conjunto de solemnidades con que una población ‒pueden ser barrios, en caso de las grandes ciudades‒ celebra anualmente la fecha de su santo patrón. Se trata de una tradición implantada, esencialmente, en los países de cultura hispana. En España en el área de este tipo de celebraciones suelen ser conocidas como fiestas mayores.

De los primeros recuerdos que conservo de estos días serán de cuando tendría 5-6 años no mucho más, por aquel entonces las fiestas eran solo un par de días, con las misas correspondientes los días de guardar, juegos infantiles para los niños de los de toda la vida, un día en la plaza del pueblo y otro en las eras (o a lo mejor era un año en un sitio y al siguiente en el otro), con sus carreras de sacos o pillar manzanas en un caldero de agua, con el premio de algún juguetillo o mejor, las medallas de la Caja. Luego a veces alguna actuación y por la noche dos días de verbena y la mejor noche el pase de disfraces. Punto. No había más. Eran tiempos mejores (el efecto nostalgia ataca de nuevo), donde los niños como yo disfrutaban saliendo día y noche de casa, porque como había verbena podías acostarte mucho más tarde de lo normal.

Cuando crecí un poco la cosa cambió, tuve mi primera y casi última experiencia como miembro de una peña. Peña, concepto interesante este, para los no iniciados es un grupo de gente que paga un precio acordado para ingresar en el susodicho que puede incluir desde bebidas hasta (las más completas) comidas y cenas, que además llevan una indumentaria de colores identificadora. Dicho así parece la definición de una secta y alguna similitud tienen no os digo yo que no, pero al menos en las peñas tienen mejor rollo, creo que te puedes ir cuando lo consideras y si no eres de la misma ni te apedrean y hasta si tienes suerte pues hasta te invitan a una cerveza o a algo, así que sí, se puede decir que son mejores y más sanas que una secta.

Después de este rollo de explicación os diré que igual me apunté muy pronto a una peña, fue por presión familiar todo hay que decirlo, y teníamos no más de 10 años, con lo cual era fácil que se nos fuera un poco de las manos lo de hacer piña y al final parecía que no podías respirar si no era con el permiso del resto, pero como digo eramos niños, era el primer intento de peña que hicimos y no iba a salir todo bien a la primera.

A partir de ese punto me convertí un poco en una vagamundos en tierra de nadie, por gajes del oficio mi relación con la gente de mi edad del pueblo pues no era la mejor, teníamos personalidades e intereses diferentes y bueno pues acabe sola como quien dice, así que por muchos años he ido vagabundeando en las fiestas, acudiendo solo a momentos muy puntuales como a la calva y los herrones, a ver los disfraces y poco más. Incluso ha habido años en los que ni siquiera he estado o me he dio a otros sitios para evadirme.

Con todo he aprendido a no odiar del todo estas fechas, con la edad he vuelto a aprender a disfrutarlas lo más que puedo y sobre todo con el tiempo me he dado cuenta de lo que en verdad hacen las fiestas y es un sentimiento que alguien de fuera no puede ver, ni tan siquiera percatarse de que existe, es el sentimiento de camaradería, mejor dicho, de hermandad que fluye por toda la gente durante esos días, es algo que siempre he envidiado, el ver como la gente que mucha de ella solo se ve de año en año, se relacionan entre si como amigos de toda la vida festejando juntos, es algo difícil de explicar pero ahí está. Nunca me he sentido partícipe del mismo, quizás porque siempre me he sentido y he sido un poco individualista, aunque sí recuerdo haber sentido eso cuando era pequeña y es algo que no se puede describir con palabras y creo que es el ingrediente que siempre me ha faltado para vivir las fiestas plenamente. De ahí, que siempre me haya echo una pregunta y es que, en mi pueblo siempre se dice que si te metes con uno de nosotros todo el pueblo irá a por ti.

La cuestión es: ¿Me defenderían a mí dado el caso?

P.D: si alguien de mi pueblo me ha leído, un saludo muy fuerte y bienvenidos sean tus comentarios.

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Selbst sein

Dicen que Berlín es una ciudad dónde te descubres a ti mismo, no conozco muy bien los motivos, quizás porque es una ciudad inmensa donde al final te puedes encontrar deambulando de un lado a otro siempre rodeado de gente y nunca haber estado más solo, o pudiera ser que al venir de fuera y no hablar el idioma nacional tengas más tiempo para hablar contigo mismo e interiorizar más aun en tus pensamientos, o a lo mejor es porque es una ciudad tan variada que puedes llegar a identificarte como nunca antes con algo que jamás pensaste que existiría.

En mi tiempo aquí, y ya voy por mi quinto mes, no he tenido mucho tiempo para estar a solas, estos primeros meses han sido un poco no parar y de alguna manera romper un poco con lo que había venido siendo de siempre, pero en los pocos momentos que me brinda el día a día he ido descubriendo cosas de mi misma que me han sorprendido.

El otro día aprendí que me gustan las normas, los límites, entiéndase esto no como que soy una forofa del control, si no a que me gusta convivir y vivir con una serie de normas no escritas, léase por ejemplo que un día cogí el tren y compartí vagón con un grupo de amigos en plan hippies/perroflautas, hasta ahí todo bien, cuando entre en el tren no me importó sentarme a su lado a diferencia de la abuelita que al verles se dio la vuelta, sabia mujer. Aquello no era un vagón era una comuna: mochilas tiradas por doquier, cerveza y otros fluidos no identificables a simple vista corriendo por el suelo, gente descalza y borracha saltando y bailando… todo un espectáculo. Debo decir en su defensa eso sí, que en ningún momento me dijeron nada ni se molestaron de que ocupara un asiento su “espacio”, pero eso no significa que estuviera cómoda, descubrí que me cae bien ese tipo de gente pero que nunca podría ser como ellos ni posiblemente llegar a ser uno más, y hasta caí en la cuenta de que con todo seria más fácil que hiciera skin. No soy capaz ni aunque lo intente de generar tal tipo de caos y de molestia a otras personas que solo son culpables de coger el transporte público (en este caso).

Pero con este pensamiento me llegó otro y es que mi vida es un asco, no he hecho nada en 22 años. Todo el mundo que me rodea tiene cientos de anécdotas que contar, decenas de viajes a sus espaldas a países de los que apenas conocía su existencia, novietes y novietas, conciertos locos, juergas universitarias… y yo ¿qué puedo contar yo? que me he visto películas de las que ni el director se acuerda  haber rodado y series que son lo más cercano que he tenido de experimentar muchas de esas cosas que la gente me cuenta y que para mi son solo irrealidades en mi cabeza.

Es triste y divertido darte cuenta de todo esto, de que por mucho que te esfuerces eres quien eres y no te va cambiar nadie, y lo peor es cuando dentro de ti algo hace clic y caes en la cuenta de que te odias y desprecias y ni largándote a la China vas a cambiar. Todavía me dicen que soy joven y puedo hacer algo, pero si de algo estoy segura de mi misma es que aunque eso fuera posible no me lo iba a permitir, nunca me he permitido ser feliz y no voy a  empezar ahora.

Hazlo por mi

Este domingo se celebran las elecciones europeas, quizás las más importante de la historia de la UE dada la situación catastrófica que vivimos, por eso es importante que todos ejerzamos nuestro derecho al voto (que para algo lo tenemos) y ayudemos a cambiar las cosas, si puede ser para bien, porque os recuerdo que si no votáis porque “no creéis  en la política” o porque “todos son unos malnacidos estafadores” estaréis apoyando justo a los ladrones que nos han llevado a estar como estamos.

Pero ademas no solo lo pido como ciudadana europea que soy y me preocupo por el porvenir que nos espera, sino porque por cosas de la vida y del sistema electoral español NO PUEDO VOTAR ¿por qué? porque como vivo en otro país el 25 de mayo obviamente no voy a estar presente en mi pueblo para votar, por lo que aprovechando mi última visita a casa, inocente de mi pedí el voto por correo pero ¡SORPRESA! puedes pedirlo, claro que sí, pero tardan la vida en enviarlo (ya sabemos lo bien que funciona Correos) y cuando lo quieras entregar tienes que ir en persona a Correos, hasta aquí bien ¿cual es el problema? que solo te lo envían a España y evidentemente yo no me iba a estar cuánto ¿tres semanas? ¿un mes? esperando, así que ahí perdí mi opción. Otra alternativa hubiera sido ir a la embajada y tras imagino mil papeleos, enfados e injurias dirigidas a la burocracia y sus familiares, conseguir votar allí (si alguien conoce como va el tema le agradecería que me lo explicara) pero corres el riesgo de que te pillen con las manos en la masa que estas viviendo fuera por tiempo prolongado y pierdas, gracias señores del PP y a sus votantes, la sanidad, con lo cual dicho y pronto y mal, a los que vivimos fuera nos tienen pillados por los cojones y nos impiden con todo descaro votar (a veces los emigrantes pueden votar, pero en muchos casos no a partidos españoles con lo cual viene siendo lo mismo). En mi mente conspiparanoica, creo que es así porque saben que si los emigrantes votáramos el bipartidismo y sus privilegios caerían de golpe pero así nos tienen controladitos y sin poder hacer mucho.

Por todo esto os pido por favor votad, a quien sea (bueno a quien sea no, no me seáis tan tontos de votar a Cañete o a sus primos de la Falange por ejemplo) pero votad, a PACMA a EQUO a los Amantes del Circulo Polar o la Tía Rita que se presenta por El Club del Ganchillo, da igual, si hay una manera de ganarlos es jugando a su juego y nosotros ahora tenemos las cartas en la mano.

Ich habe Angst

Quedan 27 días y 12 horas (aproximadamente) para que abandone la calidez de mi hogar y vuele a mi nuevo destino en tierras germanas. Lo normal y lo que muestro de cara a otros cuando me preguntan acerca de ello es felicidad, felicidad porque veo que mi vida por fin se mueve, avanza, deja de estar estancada en un hoyo sin muchas salidas para abrirse a nuevas experiencias, nueva gente, nuevos lugares, en definitiva una nueva vida. Pero en mi fuero interno la cosa funciona de otra manera.

Hasta ahora veía lo de irme como algo lejano, algo que está en un futuro indefinido imposible de palpar o de alcanzar, como cuando eres pequeño y dices que vas a ser astronauta, un sueño que quieres creer pero que sabes que difícilmente alcanzarás, pues me pasa igual. Siempre he dicho que me iba pero en el fondo no me lo creía ni yo y sigo sin hacerlo, porque soy incapaz de pensar que las cosas me van a salir bien por una vez, me cuesta imaginar que por fin voy a vivir más allá de las cuatro paredes de mi habitación y que por fin voy a cumplir un sueño y eso, me aterroriza.

Estoy acojonada, y según avanzan los días y voy siendo más consciente de que esto es real lo estoy aun más, y es cuando mi cabeza decide hacer lo que mejor sabe, acobardarse y comenzar a planear una retirada. Y es que no sería la primera vez que tengo algo en las manos y salgo corriendo, así soy yo, no me gustan los cambios, me dan miedo, me aterrorizan, baso mi vida en una rutina elaborada y que nunca cambia, como dirían en mi casa soy sota-caballo-rey, y cuando eso cambia me molesta y por todos los medios intento que ese elemento discordante no vuelva a aparecer jamás.

Así que en esas estoy, en medio de una guerra interior que no sé muy bien cómo acabará, por una parte quiero irme, intentar vivir por mi misma fuera de mi casa y del ala de mis padres pero por otra casi que prefiero quedarme en mi zulo y no salir nunca, sabotearlo todo y quedarme en mi zona de confort donde sé manejarme, total ¿quién me dice que allá lejos las cosas me van a ir mejor que aquí? ¿no dice el dicho “mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer”?

Falta de comunicación

En mi familia parece que hemos instaurado la costumbre de tratar temas que nos parecen espinosos en la intimidad del coche, puede deberse a que aunque nos llevemos bien y hablemos de casi todo, nos cuesta mucho hablar de “nuestras cosas” con los demás y por eso lo soltamos en un espacio reducido y en movimiento para que ninguno pueda huir por muy escabrosa que esta se ponga, aunque esto también conlleve un cierto riesgo de accidente, pero ese es otro tema.

Ayer (como sabéis mi vida esta llena de ayeres) me vi en una de esas con mi padre, bueno mas bien fue el principio de una porque fue salvado por la campana. Si me leéis habitualmente sabréis que lo de salir del armario con mi familia es un tema delicado para mí, intuyo ya que mis familiares no son tontos y se lo huelen pero solo unos pocos tienen la certeza confirmada, uno de ellos es mi padre el cual no se lo tomó como esperaba y desde entonces no se ha vuelto a mencionar el asunto (eso también es muy propio de mi familia, si algo no gusta mejor no tocarlo), pero a veces lo saca de forma indirecta no sé muy bien con qué fin ¿será para descubrir que sigo siendo una invertida? ¿comprobar que no se me ha pasado lo que el llamó “una fase temporal” propia de la edad? sea como fuere la pseudo-conversación de anoche me dio que pensar.

Por lo visto un conocido de ambos de alguna forma (puede que lea esto que escribo) le dio a entender a mi padre que mis progenitores no me comprenden o no me aceptan o algo así, y como respuesta a ello anoche se le escaparon frases tímidas como “nosotros te aceptamos como seas” o “te querremos pase lo que pase” que realmente no sé a qué venían pero me hizo pensar que si retomara “nuestro asunto” la respuesta podría ser diferente, pero ese sentimiento duró dos minutos porque después volvió a su retahíla habitual de “a ver cuando traes al novio” y se me quitaron las ganas.

Así que volvemos al punto de partida. Mis amigos y los familiares que saben como soy siempre me andan animando a salir del armario de una vez por todas, mas que nada porque mi armario es como el de Jodie de cristal con luces de neón, pero sigo acobardada incapaz de reunir el valor, además en mi fuero interno siempre pienso que tampoco me corre prisa, total no ligo nada (si me conocierais lo entenderíais) y ya me he pedido el puesto de solterona de la familia que vive con 50 gatos, con lo cual dejaremos correr un poco más el agua que todavía no nos llega al cuello.

P.D: sé que este tipo de entradas no cuentan nada ni le importan a nadie, pero si las escribo es porqué de alguna manera siento que libero un peso y alguien quizás me lea e igual hasta me responda compartiendo un poco la carga, además es de esas cosas que en persona no cuento ni loca, ya sabéis, marca de la casa. 

Si “una persona sin esperanza, es una persona muerta” iré buscando nicho.

A veces necesitamos conversar con otros para darnos cuenta de cosas de uno mismo, porque por mucha introspección que te hagas a ti mismo mientras conversas con ese otro ser que habita en tu cabeza (conocido habitualmente como hablar solo), no es hasta que estás metido en una conversación de verdad con otra persona que debata y rebata tus argumentos, cuanto vislumbras tu verdadera posición o sentimientos con respecto a algo.

Ayer noche en la sobremesa de la cena me enzarcé en una discusión con mi primo que mi tía definió como de esas de “arreglar el mundo” , y es que aunque no sacamos nada en claro (obviamente) discutimos largo y tendido de todo un poco pero principalmente sobre la situación actual, del mundo en el que vivimos y de esta sociedad que parece que avanza como pollo sin cabeza hasta un trágico final. Pues bien, aunque ambos compartimos en esencia los mismos ideales e ideas me di cuenta que lo hacíamos desde dos perspectivas totalmente diferentes. Él mostraba esperanza, sueños e incluso ilusión por hacer algo desde su pequeño campo acción que pudiera suponer un cambio para el futuro por pequeño que este fuera, y esa es la palabra clave futuro, él tenia visión de futuro de un mañana por el que se puede luchar; él a todo esto lo llamó fe en si mismo, yo lo resumí como fe en la humanidad, pero cuando volvía a casa me di cuenta de que él al menos tenía fe en algo, seguía pensando en que un futuro es posible cosa que yo en algún punto perdí y no he vuelto a recuperar.

No sé cuando ni porqué dejé de ilusionarme con ese futuro del que siempre se habla, recuerdo que cuando era pequeña siempre soñaba con como sería mi vida con 20, 30 o 40 años, cómo seria la universidad, encontrar un trabajo o incluso formar una familia, hace ya mucho de eso y lo triste es que ahora no puedo pensar en más que en el día en el que vivo, soy incapaz de imaginar cómo será mi vida dentro de 5 o incluso 2 años, porque a diferencia de cuando era pequeña el mundo se ha complicado más (o he crecido lo suficiente para descubrirlo) y ya no se puede dar nada por hecho, cada mañana me levanto recelosa de leer las noticias por si toca ver como otro pedacito de ese futuro ha caído.

Ya no sé en qué soñar, en que poner mi esperanza ni en quién, ni siquiera sé si merece la pena, me he vuelto mucho más pesimista y catastrofista de lo que haya sido jamás y me da miedo, mucho, porque he dejado de luchar, cada día es una rutina más, sin cambios ni con vistas de haberlos, veo que gastar las energías es inútil ya que nada cambia si no es a peor, además ¿de verdad va a suponer algún cambio real el que una don nadie como yo haga una cosa u otra?

Mi primo me lo dejó claro ayer y es lo que me ha hecho reflexionar: “España va como va porque hay dos tipos de personas, las que se adaptan a los tiempos y no hacen nada y la gente como tú, que aun teniendo ideas, pudiendo e incluso queriendo llevarlas a cabo tiran la toalla y no hacen nada”

Carta de una voluntaria a su institución que ha perdido el norte

Hace ya cosa de año y pico (largo) que soy voluntaria de Cruz Roja, si bien me apunté con recelo y como una manera de sacar partido a algo de mi tiempo “libre”, ya que al estar en el paro todo mi tiempo es libre, en todo este tiempo además de darme cuenta que fue una gran decisión mi vida ha evolucionado para bien. No solo he sentido que estaba dando mi tiempo para algo bueno, no solo he ido a preventivos por si pasaba algo, no solo he estado en medio de cosas más graves como el fatídico accidente de autobús ocurrido este verano, donde aunque no hiciera mucho sé que de alguna forma ayude ofreciendo lo mejor de mi, ha sido todo eso y mucho más.

Pertenecer a esta institución me ha hecho sentir parte de algo más grande, de tener una segunda familia. En este tiempo he conocido a gente de casi todas partes, de todas las edades y clases, y muchos ya forman parte de mi vida y he de agradecérselo todo a la Cruz Roja porque seguramente, de no haber formado parte de esto nunca los hubiera conocido ni tampoco hubiera disfrutado tanto haciendo dos cosas que me encantan: ayudar y hacerlo además a través de mi profesión.

Pero he aquí ese momento en el que tu estómago da un vuelco:

cruz roja titular

Es bien sabido que aunque somos voluntarios la institución cobra nuestros servicios, puede que a un precio más barato que otras empresas pero gana dinero con los servicios, todos los que estamos lo sabemos y no nos parece mal puesto que la organización se tiene financiar y además sabemos (o queremos suponer) que ese dinero va destinado a buenas obras y al mantenimiento de las infraestructuras, material e incluso al cuidado de los propios voluntarios: nuestros uniformes tienen que salir de alguna parte al igual que el material que nos proporcionan con los cursos de formación, pero una cosa es eso y otra es sacar tajada de una de las peores crisis económicas  de la historia reciente, queriendo hacer negocio con una de las mayores acciones altruistas que se pueden hacer, que es donar sangre. Como donante, voluntaria y ante todo persona que intenta tener dos dedos en la frente, no me entra en la cabeza que una institución como la Cruz Roja que desde su origen se ha caracterizado por realizar innumerables obras en favor de los más necesitados, se convierta en una empresa cualquiera que va detrás del beneficio, del sucio dinero ¿en qué están pensado los directivos? esto no es ayudar, privatizar la sangre donada no es ayudar, es robar, es aprovecharse de la bondad de otros y encima hacer caja con ello. Quisiera ver la cara de los artífices de esto, los jefazos o quien sea responsable, esos mismos que nos “abroncan” a los voluntarios tantas veces para que no dañemos el nombre de la institución cuando ellos lo destrozan y lo mancillan por la puerta grande.

Llegados a este punto ahora yo me pregunto ¿moralmente debo seguir en Cruz Roja? sé que hacemos mucho bien, pero si empiezan así ¿qué será lo siguiente? ¿qué les va a frenar ya para otras acciones propias de gente sin escrúpulos?

Hace un año y pico que empecé en Cruz Roja y estaba muy orgullosa de ello. Año y pico y un par días después me avergüenzo, me entristece y sobre todo me siento traicionada al descubrir que no te puedes fiar ni de los “buenos”.